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Rodolfo Lenz estableció
lo que se podría llamar el enfoque clásico
de las relaciones entre el mapuche y las características
más prominentes del fonetismo del castellano
de Chile:
pronunciación alveolar de t/d ante r (como
en entre, liendre), pronunciación asibilada
(o sea, sin vibración del ápice lingual)
de r en posición inicial (como en ropa), y
tras l/n (como en alrededor, enredo) y en los grupos
rr y dr (como en trapo, droga); pronunciación
asibilada de rr (como en perro), pronunciación
bilabial de f, aspiración de s final, etc.
Estas características fueron atribuidas por
Lenz a influencia mapuche, hasta el punto en que llegó
a afirmar que el castellano vulgar en Chile "es
principalmente español con sonidos araucanos"
(1940: 249). Partiendo de argumentos histórico-demográficos
y dialectológicos, Amado Alonso (1953) ha demostrado
que la posición de Lenz es insostenible: ni
en la pronunciación ni en la estructura gramatical
del castellano de Chile hay un solo rasgo que pueda
ser atribuido con cierta seguridad a influencia del
mapuche.
En lo que respecta al léxico, la influencia
del mapuche en el castellano chileno es también
mínima en cantidad e importancia: las únicas
palabras de origen mapuche de uso general en Chile,
son nombres de lugares y algunos relativos a la flora
y fauna autóctonas.
La nula o mínima influencia del mapuche en
el castellano de Chile sugiere por lo menos la necesidad
de volver a plantearse el problema de la importancia
del componente mapuche en la formación de la
identidad sociocultural chilena. En todo caso, desde
el punto de vista de la lengua -con toda su carga
cognitiva y cultural- la incidencia del mapuche no
es significativa.
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