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Dentro del territorio
de Chile continental existen hoy tres grupos indígenas,
descendientes directos de los habitantes prehispánicos
de América. Son los aymaras, los mapuches o
araucanos y los alacalufes o kawésqar. Las
otras poblaciones autóctonas que residieron
en el suelo americano que hoy es Chile, no pudieron
sobrevivir como entidades lingüísticas
y socio-culturalmente diferenciadas, ante el absorbente
modo de vida europeo-occidental. El proceso de extinción
de los grupos aborígenes se prolongó
hasta las primeras décadas del siglo XX, cuando
desaparecieron los atacameños del Gran Salar
de Atacama, los onas o selknam de Tierra del
Fuego, y los yámanas o yaganes de los canales
australes.
En la zona norte del país, al interior de Antofagasta,
vivieron los atacameños, agrupados en pequeños
caseríos de barro, madera de quisco y piedra
volcánica, situados en los oasis, quebradas
y valles regados, donde cultivaban sus huertos y chacras
y criaban su ganado. Su lengua es conocida en la literatura
especializada con los nombres de atacameña,
kunza, likanantai y (u)lipe. A la llegada del conquistador,
la población atacameña estaba reducida
a las áreas periféricas, a lo largo
del borde oriental del Gran Salar de Atacama, adonde
había sido empujada por la llegada a su territorio
de pueblos invasores. La pequeña y disgregada
sociedad atacameña no pudo resistir el impacto
e inició su proceso de extinción, el
que concluyó a mediados del siglo XX.
En la fecha de su extinción
como minoría lingüística, los atacameños
estaban concentrados en los pueblos que bordean el
Gran Salar de Atacama, entre otros: Caspana, San Pedro
de Atacama, Toconao, Peine y Socaire. Los habitantes
actuales hablan castellano, pero mantienen la tecnología
agraria tradicional
especialmente en lo que respecta a la manipulación
del agua-, el estilo de vida agrario-pastoril, y algunas
prácticas ceremoniales relevantes. Entre éstas
es muy prominente la ceremonia de limpiado de acequias,
llamada talátur. Entre los componentes verbales
de esta ceremonia figuran canciones en kunza junto
a fórmulas de salutación y brindis en
castellano. En la década del cincuenta la lengua
kunza ya no se usaba en absoluto como lengua de comunicación,
de modo que el texto de las canciones de talátur
era simplemente ejecutado de memoria.
En otras palabras, el kunza había pasado a
funcionar solamente como una lengua ritual, algo así
como el latín en la liturgia católica
anterior al Concilio Vaticano II.
El kunza alcanzó a ser descrito en gramáticas
y vocabularios preparados por los grandes polígrafos
chilenos del siglo pasado: San Román 1890,
Echeverría y Reyes 1890, Vaisse et al. 1895
y Schuller 1908.
Al sur del territorio atacameño, en los valles
regados del Norte Chico, vivieron los diaguitas. Tal
como los atacameños, eran agricultores y pastores,
asentados en pequeñas aldeas, aisladas unas
de otras, sin una estructuración social superior
a los pequeños grupos locales.
Diversos factores históricos desencadenados
por la llegada del conquistador español, fueron
determinantes de la desaparición total de la
etnia diaguita. Hacia 1600 los diaguitas chilenos
estaban totalmente extinguidos. De su lengua sólo
quedaron rastros en la toponimia del área.
Al otro extremo del país, en las estepas y
bosques de la Isla Grande de Tierra del Fuego, vivieron
los onas o selknam. Estos eran cazadores nómadas.
Organizados en pequeños grupos familiares,
recorrían a pie grandes extensiones de territorio
dedicados a la caza de mamíferos y aves.
Al parecer nunca fueron los onas un grupo numeroso
(unos 4.000 individuos a mediados del siglo pasado;
V. Clairis 1985: 16, nota), y rápidamente desaparecieron
durante el proceso de colonización moderna
de las tierras australes. Para todos los efectos prácticos,
el ona es hoy una lengua extinguida.
En el confín sur de América, en los
archipiélagos que van desde la península
de Brecknock hasta el Canal de Beagle, vivió
el grupo humano más austral del mundo: los
nómadas canoeros conocidos en la literatura
antropológica como yámanas o yaganes.
De una población, calculada para el siglo pasado,
en unos 3.000 individuos (y. Clairis 1985: 16, nota),
sobreviven hoy solamente tres mujeres, radicadas en
Ukika, una pequeña aldea situada, en las cercanías
de Puerto Williams, en Isla Navarino. Por haber pasado
ya la edad reproductora, por su matrimonio con colonizadores
hispanohablantes, por haber criado a sus hijos y nietos
como hispanohablantes, estas mujeres son claramente
hablantes terminales de la lengua yámana.
Entre 1919 y 1924, el misionero austriaco Martín
Gusinde, de la Congregación del Verbo Divino,
realizó cuatro expediciones a Tierra del Fuego.
Reunió sus observaciones sobre la lengua y
la cultura de los indígenas australes -los
onas o selknam, los yámanas o yaganes
y los alacalufes o kawésqar- en una monumental
obra en tres volúmenes (Gusinde 1931, 1937,
1974), hoy un clásico de la lingüística
y antropología fueguinas |