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En el área sur del territorio aymara tienen lugar las siguientes particularidades en la pronunciación de las consonantes:

- p se pronuncia como la b del castellano ámbar, tambor, cuando está precedida de m:
ampara se pronuncia ambára: ‘mano’

- t se pronuncia como la d del castellano andar, candor cuando está precedida de n:
inti se pronuncia inde: ‘sol’
(recuérdese que en el área sur se prefieren las variantes e / o en la posición final, en tanto que en el área norte se prefieren las vocales básicas 1/u).

- k se pronuncia como la g del castellano cuando está precedida de n, como en manga, gringo. Se marca así en la transcripción: g
p"atanka se pronuncia p"atan'ga: ‘guatitas’

- g se pronuncia como la g del castellano manga, gringo, pero articulada con el postdorso lingual apoyado contra la parte posterior del velo del paladar. Se marca así en la transcripción: 'g
tonqu se pronuncia tongo

En el área norte tiene lugar la siguiente peculiaridad de pronunciación: la consonante q en posición no inicial puede pronunciarse como la j del castellano ajo, pero articulada con el postdorso lingual apoyado contra la parte posterior del velo del paladar. Se la marca así en la transcripción: x.

paqsi puede pronunciarse paxsi: ‘luna’

Las peculiaridades de pronunciación examinadas sugieren que desde el punto de vista lingüístico el territorio aymara chileno se divide en dos áreas: una septentrional o nortina, y otra meridional o sureña. Todo parece apuntar a que las diferencias entre ambas áreas son más bien menores: detalles en la pronunciación —como los ya expuestos— o preferencia por una palabra frente a otra. El aymara chileno tampoco parece tener grandes diferencias con el boliviano.
En enunciados pronunciados a velocidad normal es muy característica la elisión de la vocal final de algunas de las palabras del enunciado, pero no la de la palabra final. Como el acento conserva su lugar, cuando hay elisión de la vocal final esta resulta con acentuación aguda, en vez de la acentuación normal grave. La elisión vocálica más consistente es la de la última vocal del complemento directo.
También es consistente la elisión de la última sflaba en los numerales maya, ‘uno’ y paya, ‘dos’, con alargamiento de la vocal remanente.
En la conjugación verbal es frecuente la caída o pérdida de algunas vocales —y hasta de sílabas completas— internas, lo que deja como resultado grupos de dos y más consonantes en el interior de la palabra.
Descontada la elisión vocálica, las palabras del enunciado retienen claramente su identidad fonológica, sin fusionarse unas con otras.
En enunciados normales, todas las sílabas se pronuncian con la misma intensidad y altura de tono, con excepción de la sílaba tónica de cada palabra, que es ligeramente más alta y tensa, y de la última sílaba de todo el enunciado, que es ligeramente más baja y laxa. El descenso tonal final aparece no sólo en afirmaciones, sino también en enunciados interrogativos, ya que parece que la diferencia entre aseveración e interrogación se expresa no por la entonación, sino más bien por medio de palabras interrogativas o de sufijos (nominales o verbales) o por una combinación de ambos recursos.

La expresión de valores oracionales por medio de recursos morfológicos bien puede considerarse una característica tipológica de la lengua aymara. Claramente es ésta una lengua polisintética sufijante. Otra manifestación de esta característica tipológica es la retención de la identidad fonológica de las palabras en el enunciado y de los componentes de palabras (raíces y distintos tipos de~sufijos). Aun cuando la gramática del aymara hablado en Chile está por investigarse, los materiales ya reunidos,12 permiten visualizar una rica y compleja sufijación nominal y especialmente verbal que, como vimos, es una característica de las lenguas jaqi que diferencia el aymara del castellano por la simpleza de la estructura morfológica de este último. Por medio de estos sufijos se expresan en aymara en una sola larga palabra (verbo o sustantivo) relaciones, matices, detalles físicos, espirituales, afectivos, cognitivos y pragmáticos del ser y del acontecer, que en castellano expresamos mayormente por varias palabras organizadas en frases y oraciones. El material reunido muestra también que el aymara hablado en territorio chileno no es sustancialmente diferente al hablado en Bolivia, aun cuando ya han sido detectados algunos puntos bien específicos de variación fonológica y léxica.13 Que haya variación de vocabulario no tiene nada de sorprendente, pero la variación fonológica, en cambio, es importante puesto que le sugiere a Harmelink (1985: 12-13) --basándose en sus propios datos y en observaciones de Hardman (1983)- que el aymara chileno representa un estadio arcaico de la lengua, en comparación con el aymara central de Bolivia, más innovador.

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