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Según Hardman (1978) y Hardman et al. (1988), el aymara pertenece a la familia lingüística ja ql.7 En importancia numérica, ésta es la segunda de las familias lingüísticas andinas, después de la quechua.

En el mismo sentido apuntan algunos pasajes de Gundermann (1986: 167, 169, 170) y Harmelink (1986: 26).
Harmelink (1985:1-4) discute brevemente las limitaciones de la entrevista directa como procedimiento para recopilar información relativa al uso del lenguaje. Dadas las condiciones de la entrevista con preguntas directas, ésta es recomendable más bien para el estudio de sistemas de actitudes.
La mejor presentación de la situación sociolingüística actual en el dominio aymara. es de Gundermann (1988), al que tuve acceso cuando ya este artículo estaba en proceso de impresión.
Pronunciado táqe, que significa “persona, ser humano”. Los detalles de la transcripción vienen más adelante, en la sección “La fonología”.
Tres son las lenguas jaqi existentes hoy:

1. El kawki, hablado hoy por unas doscientas personas ancianas en la provincia de Yauyos, departamento de Lima, en Perú;

2. El jaqaru, hablado en la misma área por unas dos mil personas; y

3. El aymara, cuyo centro territorial es el altiplano andino en el área circundante al lago Titicaca. Cuenta con unos tres millones de hablantes (Hardman et al. 1988:1, 13n.), distribuidos en Bolivia y Perú, a los que hay que añadir núcleos más pequeños situados en Argentina y en Chile.

Todas las lenguas jaqi se carácterizan por la simplicidad de su sistema vocálico, de sólo tres unidades: i, a, u (aun cuando 1/u suelen presentar variantes no significativas algo más bajas, e/o respectivamente). También es característica la gran riqueza y complejidad de su consonantismo: 36 en kawki y en jaqaru la misma cantidad, pero las consonantes en sí no son completamente congruentes. El aymara, como se verá en detalle más adelante- tiene un sistema consonántico más simple, de sólo 26 unidades.
También estas lenguas se caracterizan por la complejidad de su morfología verbal y por su sintaxis relativamente simple. Esto significa que los enunciados están compuestos mayormente por una larga palabra, el verbo, el cual expresa, mediante partículas sufijadas a su raíz, todos los contenidos necesarios para que la enunciación tenga sentido completo en sí misma. Por ejemplo, en aymara, una sola palabra:

parlakipasipxañanakasakipunirakispawa

es una unidad comunicativa completa, equivalente a todo un período oracional complejo en castellano: Yo sé que es deseable y que es necesario que nos comuniquemos entre todos siempre no más” (Yapita 1972, citado en Hardman 1978: 9). En castellano la sintaxis (combinación de palabras entre sí formando frases, cláusulas, oraciones, períodos, etc.) es compleja y la morfología (estructura interna de la palabra) es más bien simple. En las lenguas jaqi la situación es exactamente inversa.
Uno de los puntos más discutidos en la literatura especializada es la relación entre el aymara y el quechua, o para decirlo más exactamente, entre la familia jaqi y la familia quechua.

La posición clásica, formulada inicialmente por Orr y Longacre (1968), sostiene que las lenguas jaqi y el quechua están genéticamente vinculadas, o sea, son el resultado actual de la fragmentación de una sola lengua anterior, el quechumara.

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