- III -
El PUEBLO RAPA NUI
1.
Introducción
2. El poblamiento ancestral
3. Las visitas europeas: esclavitud y colapso demográfico
4. Misioneros y primeros colonos europeos (1864-1882)
5. El Acuerdo de voluntades entre el Ariki Atamu Tekena y el
Capitán de Corbeta Policarpo Toro
6. Explotación ganadera e inquilinaje
7. Inscripción de la Isla de Pascua en el Registro de Conservadores
de Bienes Raíces
9. El Gobierno civil a partir de 1965.
10. La situación a partir de 1990
1. Introducción
Rapa Nui constituye uno de los lugares habitados más remotos del mundo. Los orígenes de su poblamiento se remontan al siglo V d. C. y los moradores serían de procedencia polinésica. Estos pobladores desarrollaron durante más de mil años una cultura aborigen compleja, conocida mundialmente por la construcción de grandes estatuas megalíticas (moai), que representan a los antepasados.
Sus silenciosas ruinas, gigantescas estatuas de piedra y el extremo aislamiento, han contribuido a crear un aire de misterio en torno a la Isla de Pascua, denominada Rapa Nui por sus habitantes..
En primer lugar, se debe aclarar que los desarrollos culturales en ella no tienen relación con los procesos que dieron forma a las culturas originarias del resto del país, pues sus raíces emergen de una tradición polinésica ancestral y la población asentada hoy en la isla, en su mayoría, desciende directamente de los primeros pobladores que arribaron a ella hace unos dos mil años atrás.
Isla de Pascua desplegó una cultura cuyos grandes lineamientos son de base polinésica, pero con rasgos distintivos importantes. Su economía se sustentó en dos grandes actividades productivas: la agricultura y la pesca, y su organización social y política se basó en un sistema de linajes cuyo ordenamiento territorial se dio mediante una división tribal de la tierra, teniendo cada tribu o ure un territorio determinado y un jefe; existiendo a su vez, un jefe de toda la isla o ariki mau, el cual era respetado por todos, y al que se le asignaban poderosas cualidades, producto de su poder innato e inherente, denominado mana.
Esta sociedad estaba fuertemente jerarquizada. Cada grupo social tenía una actividad definida: en la base del sistema estaban aquellos que no pertenecían a la tribu de los Miru o los uru manu, por no pertenecer a la familia real. Estos entregaban sus tributos en alimentos y trabajo para la manutención de la aristocracia y el culto; también se encargaban de las actividades agrícolas, marítimas -pesca- y artesanales. Sobre ellos, y dependiendo de lo producido por ellos mismos, estaban los tangata ma’ori o sabios, los guerreros o matato’a, los sacerdotes1 que, en parte, eran miembros de la familia real o ariki paka, y el rey ariki mau.
El ordenamiento que regía las relaciones sociales y políticas se basaba en un riguroso conjunto de disposiciones y prohibiciones o tabúes denominados tapu o rahui, dependiendo si eran restricciones permanentes o temporales, las cuales tutelaban el actuar de todos los miembros de la sociedad Rapa Nui, desde el ariki hasta el último de los uru manu, considerando su edad, género y mata.
A partir de 1722, la isla fue visitada por exploradores, aventureros y balleneros, navegando bajo distintas banderas2. Este proceso culminó en redadas esclavistas alrededor del año 1862, lo que llevó a la casi total extinción de su población. En 1877 sobrevivían escasas ciento diez personas3, el resto de la población había desaparecido producto de la esclavización y deportación al Perú donde eran sometidos a la realización de trabajos forzados en las haciendas y, posteriormente, de una epidemia de viruela, introducida en rapa nui después del retorno desde el Perú de un grupo de isleños liberados tras la abolición de la esclavitud en ese país.
La isla se incorporó en 1888 a la soberanía de Chile en virtud de un “Acuerdo de Voluntades” entre el Estado y los jefes rapanui. Este acuerdo establecía la sesión de soberanía de la Isla a favor del Estado chileno, comprometiéndose éste a entregar educación y desarrollo a los isleños, quienes mantenían sus derechos de propiedad sobre la tierra, y los jefes rapanui sus investiduras. Sin embargo, los sucesivos gobiernos no cumplieron con su parte en este acuerdo, entregando la totalidad de la isla en arriendo a terceras personas como hacienda ovejera e inscribiendo todas las tierras en propiedad a nombre del fisco de Chile.
El hecho de destinar la isla al desarrollo de una hacienda ovejera, producirá nuevos y fuertes procesos de cambio. Estos se generarán como consecuencia directa del sometimiento de la isla y de su población a una actividad productiva, la ganadería “intensiva”, totalmente distinta a las realizadas tradicionalmente, la cual exigirá un control social y una intervención en la cosmovisión y costumbres aún más significativo y rígido que los anteriores. Todos estos procesos de modificación cultural, concurrirán a que la cultura contemporánea rapanui sea el resultado de un proceso comunitario de adaptación y de reelaboración, a partir de la memoria colectiva de esos ciento diez sobrevivientes.
Desde su incorporación a la soberanía del Estado chileno -9 de septiembre de 1888-, la Isla de Pascua fue sometida a una serie de decretos, reglamentos y leyes, muchos de los cuales hacen referencia a la protección y conservación del patrimonio cultural y natural, pero que no reconocen, hasta pasado la mitad del siglo XX, los derechos civiles de la población. La población rapanui no era objeto de derecho. De hecho no tenían la nacionalidad chilena y eran apátridas, calidad jurídica que no sólo les prohibía viajar al continente, salvo raras excepciones, si no que tampoco podían hacer abandono del país al no tener derecho a la obtención de un pasaporte. En una ocasión, a fines de los años ‘50, Rafael Haoa, quien en ese entonces era enfermero de la Armada chilena, quiso viajar a Inglaterra a conocer a su padre, antiguo administrador de la hacienda ovejera, pero no pudo realizar este anhelo dado que el Estado no le dio pasaporte4.
A partir de 1966 en Isla de Pascua cambia la situación administrativa de los rapa nui, y específicamente la relación entre el Estado chileno y los isleños. Se les reconocen derechos civiles a los habitantes y se instaura una administración civil, ordenándose el establecimiento de diversos servicios públicos en la isla. Desde entonces, y a lo largo de los diferentes gobiernos, se han destinado importantes recursos al desarrollo de la Isla de Pascua. Conjuntamente, un gran número de chilenos continentales, entre los que contamos a profesores, funcionarios gubernamentales, personal de las fuerzas armadas y civiles, han llegado a residir a la isla. Las relaciones entre isleños y continentales no han estado exentas de dificultades y malos entendidos, muchas veces debido a prejuicios, ignorancia y supuestos incorporados en el inconsciente colectivo de los continentales acerca de los rapanui, tal y como lo consigna uno de los grandes estudiosos de la cultura rapa nui, el profesor Grant MacCall 5.
2. El poblamiento ancestral
Mucho antes de que los polinésicos llegaran a estos lados del Pacífico, sus antepasados se embarcaron en un viaje sorprendente. La colonización del Pacífico comenzó hace varios miles de años atrás, cuando poblaciones que hoy reconocemos como parte del grupo austronésico comenzaron a migrar desde el sureste asiático e internarse en el Pacífico. Hace unos 4000 años, pequeñas poblaciones asentadas en las islas de las Nuevas Hébrides, las Islas Salomón y el archipiélago de Bismark, comenzaron a poblar la vasta extensión del Pacífico y sus islas. Durante los siguientes 500 años continuaron navegando en contra de los vientos dominantes, asentándose en algunas de las muchas islas que encontraron en su camino. Finalmente llegaron a Fiji, donde se asentaron al menos un milenio, desarrollando la cultura que hoy conocemos como Polinésica. Desde allí se colonizaron las islas de Tonga y Samoa, alrededor del año 1000 a. c.; navegaron nuevamente hacia el Este, hacia el Pacífico Central, cruzando ahora grandes extensiones de océano para llegar a las Islas Marquesas en el Pacífico Oriental. Las rutas exactas que tomaron aún son tema de debate.
La lingüística y la arqueología respaldan la idea de una migración hacia el Este. La mayoría de la gente en esta parte del mundo habla idiomas austronésicos. Los movimientos de estas poblaciones, han sido documentados a través de sitios arqueológicos en los cuales aparece una cerámica con decoraciones incisas denominada Lapita. Los patrones geométricos de la decoración de esta cerámica la podemos encontrar posteriormente en diseños de los tatuajes de Samoa, los mazos de guerra de Tonga, los motivos tallados en los remos ceremoniales de las Islas Australes y en los diseños en las capas y mantas de tela de corteza de Samoa.
Estas colonizaciones, siempre fueron expediciones preparadas y planificadas. Los colonizadores partían para quedarse en las nuevas tierras, llevando consigo herramientas, alimentos, plantas y animales para comenzar una vida nueva. Así un grupo de colonizadores llegó a poblar la isla de Rapa Nui. Es posible que hallan llegado en una o dos grandes canoas, abandonando disputas territoriales o familiares, hambrunas o guerras. En la estructurada sociedad polinésica, era el hijo mayor el que heredaba las tierras de un jefe y los hijos menores partían a buscar fortuna a otros lados.
En cuanto a la fecha exacta del poblamiento de Rapa Nui, actualmente no existe consenso entre los investigadores, pero se postula que debió haber sido en los primeros siglos de la era cristiana. Los recién llegados se encontraron en una isla con limitados recursos, extremadamente aislados de otros lugares poblados y en ella desarrollaron una cultura compleja y fuertemente estratificada. La magnificencia de los restos materiales de la antigua cultura Rapa Nui, demuestra un extraordinario conocimiento en diversas especialidades, tales como arquitectura, arte, astronomía y creación de un sistema de escritura.
Numerosas leyendas y mitos de la cultura Rapa Nui, hacen referencia al período de poblamiento, conociéndose los nombres del primer rey (ariki) y las personas que lo acompañaron. Este ariki -Hotu Matu’a- es la figura fundacional de toda la cultura Rapa Nui. En la memoria colectiva se mantiene parte importante de la historia posterior, en especial aquella que relata la división que Hotu Matu’a hace de las tierras apenas arribado a la isla, entregando a cada hijo una porción para que formaran entre ellos las diferentes tribus6. Tal como en otras islas de la Polinesia, las tribus se organizan en dos grandes confederaciones exógamas que mantienen y regulan tanto el sistema social como económico. Hacia el norte y oeste de la isla, se establece la confederación de los Ko tu’u aro ko te mata nui, y hacia el sur y este, la confederación de los Ko tu’u hotu iti ko te mata iti. Dentro de cada una de ellas las distintas tribus se organizan jerárquicamente y, a su vez, al interior de estas, se establecen linajes que también presentan una fuerte estratificación social. Todos los linajes de una tribu reconocían diferentes grados de parentesco con el ancestro común7.
Uno de los rasgos más distintivos de la cultura ancestral Rapa Nui, fue la importancia que se le daba al culto de los antepasados. Cada linaje tenía su centro religioso y político en un sector cercano a la costa, desde el cual controlaba una parte del territorio hacia el interior de la isla (Ver Mapa Nº 16).
Los centros religiosos se componían de grandes altares (ahu), sobre los cuales se construyeron estatuas que representaban ancestros deificados8. Esta forma de representación de los ancestros -cuyo período de fabricación o construcción duró aproximadamente un milenio- sigue un patrón de construcción esculpido, que se repitió cerca de 1.000 veces -porque hay más de mil moay-, y con leves modificaciones en estilos, tamaños y materiales. Las estatuas formaban parte de un sistema simbólico que adjudicaba a los antepasados la tenencia de mana, fuente de la abundancia de bienes, de prestigio y la perpetuación del poder y la legitimación de la autoridad de los ariki y la clase dominante.
En términos generales, este tipo de estructuras monumentales deriva de un modelo de arquitectura religiosa polinésica que, con el tiempo, en Rapa Nui fue adquiriendo características constructivas y elementos propios. Sin embargo, conservaron su significado y función ancestral. La innovación escultórica en Isla de Pascua, implicó cambios arquitectónicos que permitieran soportar y asegurar la estabilidad de las estatuas (moai), convirtiéndose en estructuras que fueron prestigiando cada vez más a los linajes ejecutores de estas obras. Los fechados radiocarbónicos para estos ahu sitúan su construcción entre los siglos VIII y XI d.C.
La elaboración de estatuas más colosales sería el signo inequívoco del fuerte mana de cada ariki. En términos materiales, significó destinar cada vez mayor cantidad de recursos y energía a estas actividades. Con los años, la población de la isla aumentó a un número estimado por algunos investigadores en más de diez mil habitantes, ejerciendo esta una fuerte presión sobre los recursos productivos, tanto para alimentarse como también para sustentar las fiestas con sus exorbitantes exigencias de ostentación, sobrepasando probablemente la capacidad de carga de la isla9. Como resultado de ello, el sistema entró en una fuerte crisis que culminó con el quiebre del sistema ideológico tradicional, principalmente por el desprestigio de la clase aristocrática y la incapacidad de esta de proveer en abundancia los bienes y el sustento para la población, con la consiguiente pérdida del mana o poder de los símbolos que la sostienen10. Ello condujo a guerras intertribales y a la destrucción de los centros ceremoniales, derribamiento de sus estatuas, destrucción y quemas de plantaciones y viviendas. A partir de este momento de crisis, aproximadamente en el 1500 de nuestra era, se inicia un nuevo sistema marcado por una sucesión de cruentas guerras intestinas, que fue minando todo el sistema tradicional hasta llegar a conformar un nuevo orden social, político y económico, reemplazando el antiguo por otro, cuyas prácticas rituales asegurasen la obtención y transmisión del mana, generador de abundancia y prestigio11 que se plasma en los rituales que se realizaban en Orongo; ceremoniales donde el prestigio y poder, es alcanzado por el jefe del representante del linaje ganador de una competencia por la obtención del primer huevo del ave manutara (Sterna fuscata).
Fue durante este proceso de readaptación de la cultura rapanui, cuando llegan los primeros navegantes europeos a la isla.
3. Las visitas europeas: esclavitud y colapso demográfico
La mañana de Pascua de Resurrección del año 1722, marcó un hito importante en la historia de Rapa Nui. El navegante holandés Jacob Roggeveen, fue el responsable de dar a conocer al mundo occidental esta lejana isla; sus crónicas de viaje dan testimonio de lo sorprendido que se mostró por los isleños y su cultura, lo que constituyó un precedente para los futuros navegantes.
Con el paso del tiempo, la isla es visitada recurrentemente por navegantes, principalmente balleneros, cuyo contacto con los isleños fue generalmente breve. Ellos no se interesaron mayormente por las personas isleñas, mas bien atracaron en la ínsula para el abastecimiento de sus barcos o con fines comerciales. Se sabe que navegantes como La Pérousse entregaron semillas, plantas y animales a los isleños a fin de que estos se dedicaran al cultivo y a la crianza con miras al abastecimiento de los barcos.
Unos 140 años después de su descubrimiento, la Isla de Pascua, como muchas otras islas del Pacífico Sur, fue víctima de incursiones esclavistas. Para mediados del siglo XIX, a juicio de algunos comerciantes europeos, Rapa Nui no tenía dueños y por lo tanto, su población podía ser explotada, comercializada y esclavizada. Debido a la prohibición de importar esclavos africanos en la mayoría de las nuevas repúblicas independientes de América, se recurrió a mano de obra barata traída desde la China. Sin embargo, intereses ingleses impidieron continuar con la internación de obreros chinos, por lo cual los barcos comerciantes de esclavos echaron mano a la captura de poblaciones polinésicas para su venta en el Perú. Esto se tradujo en la deportación forzosa de al menos mil quinientas personas solamente desde Rapa Nui, para ser vendidos en los mercados de Lima. El triste episodio ocurrido entre los años 1862 y 1863 se mantiene en la memoria colectiva; son los ancianos que aún recuerdan que balleneros y esclavistas asolaron la Isla, matando o llevándose a más de mil isleños hacia las haciendas de las costas peruanas, entre ellos a todos los sabios y conocedores de la cultura antigua.
Fueron al menos 20 naves las que recalaron en Pascua entre el 15 de junio de 1862 y el 18 de agosto de 1863, reclutando en forma forzosa a unos 2069 polinesios de los cuales al menos 1400 eran de origen rapanui, lo que constituía aproximadamente el 35% de la población de la isla y casi el 70% de los polinesios desembarcados forzosamente en el Callao12. Con objeto de mantener en secreto la isla, de donde habían obtenido su cargamento, muchos de los capitanes de barcos decían haber “contratado” su mano de obra en forma voluntaria, en islas con nombres ficticios, como isla Paypay, Isla Estea, Isla Frinaley13 y otras; incluso mostrando contratos supuestamente firmados por los nativos de aquellas islas.
Tabla Nº 1. Barcos esclavistas
1862-1863
| Nombre del Navío |
Fecha de salida y llegada de/a Callao y arribo a Rapanui |
N° personas sustraídas y comentarios |
Capitán del barco |
| Serpiente Marina |
Septiembre u octubre de 1862 |
Arribó en nov. 1862 a Papeete con 2 Rapanui a bordo, liberados allí. |
Francisco Martínez |
| Adelante |
13 septiembre 1862 |
266 isleños de varias islas de la Polinesia. |
Joseph C. Byrne |
| Elisa Masón |
3 octubre 1862, regresa al Callao el 17 enero 1863 |
238 isleños supuestamente procedentes de las islas Estea o Paypay |
Sasuategui |
| Bella Margarita |
4 octubre 1862, regresa 23 noviembre de 1863 |
154 (142 hombres y 12 mujeres) ˜upuestamente de la isla Typic |
Hinrichsen |
| Teresa |
25 octubre 1862, regresa 21 febrero 1863 |
203 isleños supuestamente de la isla Independencia |
Manuel Núñez |
| General Prim (Realiza 2 viajes) |
27 noviembre 1862, Regresó a Callao 7 enero de 1863. Segundo viaje 19 julio de 1863 |
126 isleños, en el primer viaje, procedentes de la isla PayPay (al desembarco en Callao había otros polinesios a bordo) Segundo desembarco con 174 personas de la Isla Frinaley |
Olano |
| Cora |
29 noviembre de 1862 Arriba a Rapanui el 19 diciembre de 1862. Participa en la gran redada del 23 de diciembre |
23 (22 trasladados al R y C o HD). Retienen a 6 personas incluido el niño Manu Rangi, sucesor del rey Ngaara, que fue liberado en Rapa Iti al ser apresada la goleta. La goleta fue procesada en Tahiti. |
Antonio de Aguirre |
| Carolina |
Entre el 5 y 9 septiembre de 1862, llegando a Pascua el 22 de diciembre de 1862 y participa en la gran redada del 23 de diciembre |
124 (90 hombres, 32 mujeres y 2 niños) |
Morales |
| Guillermo |
5 diciembre de 1862, parte del grupo que estuvo el 23 diciembre frente a las costas de Rapanui |
77 (75 trasladados al R y C o HD. Retienen a un niño de 6 años y un anciano) |
Campbell |
| Hermosa Dolores (HD) |
Sale 5 diciembre de 1862, regresa 27 enero 1863 |
161 (138 hombres, 22 mujeres y 1 niño de pecho) |
Garay |
| José Castro |
Entre el 5 y 9 septiembre de 1862 |
21 |
Acevedo |
| Rosalía |
Sale 16 diciembre de 1862 y regresa 2 marzo 1863 |
196 (149 hombres, 37 mujeres y 10 niños) desde las isla Hayram. |
Bollo |
| Micaela Miranda |
9 diciembre de 1862 parte del grupo que estuvo el 23 de diciembre frente a las costas de Rapanui |
29 ( 28 son trasladados al R y C o HD. Retienen a uno) |
Cárcamo |
| Rosa y Carmen (R y C) |
Entre el 5 y 9 septiembre de 1862 nave capitana de la flotilla de 8 naves. |
128 isleños (78 hombres, 35 mujeres y 15 niños) El 23 de diciembre captura esta nave junto a la tripulación. Otros 8 navíos capturan a 349 isleños en Rapanui los cuales son repartidos entre éstos. |
Juan Maristany Galcerán |
| Rosa Patricia |
9 diciembre 1862 |
45 ( todos son trasladados al R y C o HD) |
|
| Teresa |
203 (163 hombres, 23 mujeres y 17 niños) |
||
| Misti |
12-13 marzo 1863 llega a Rapanui |
Se dice que logró que varios rapanui subieran a bordo. Arriba a Papeete con 2 rapanui que son liberados allí. |
J. A. Besagoitía |
| José Castro |
Sale 6 diciembre 1862 Permanece el mes de diciembre de 1862 frente a Rapanui y ancla ˜uevamente en Rapanui el 14de marzo 1863. Regresa al Callao el 20 de abril de 1863 |
Dispara contra los isleños y hay una enorme masacre. Arriba al Callao con 21 pascuenses (18 hombres y 3 mujeres) |
Acevedo |
| Bárbara Gómez |
Arriba al Callao el 11de junio de 1863 |
23 ( 9 hombres, 14 mujeres) se sabe que transportó a 360 polinesios a la isla de Rapa Nui, de los cuales 310 fallecieron. |
| Rosa y Carmen |
Arriba el 10 de julio de 1863 al Callao |
128 polinesios ( no se sabe cuantos eran rapanui. No pueden desembarcar. Se transfirieron a la Adelante para su repatriación pero la mayoría muere) |
Maristany |
| Urmeneta y Ramos |
Arriba el 17 de julio de 1863 |
31 rapanui, supuestamente de la isla Necua, que no fueron autorizados a desembarcar. |
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| Jeoncora |
Arriba al Callao el 9 marzo 1863 |
Llega con 19 hombres y 24 mujeres de Rapanui |
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| Diamante |
Sale el 21 de junio 1863 |
Parte del Callao con 16 Polinesios a bordo. Se sabe que recaló en las islas Marquesas con el intérprete Hoki a bordo |
Si bien durante ese año se levantaron muchas voces de reclamo por parte de la prensa y sociedad peruanas en contra de este tráfico, este continuó por un año. Incluso varios de los barcos fueron retenidos por autoridades británicas y francesas en la Polinesia y sus capitanes llevados a juicio en Tahiti y Nueva Caledonia. La República de Chile condenó el tráfico de esclavos, prohibiendo el uso del pabellón patrio a buques dedicados a este fin. Esta decisión fue comunicada por una circular firmada por el Ministro Tocornal en Australia y otras islas del Pacífico Sur, ordenando el apresamiento de dichos barcos.
Si bien es menester mencionar la oposición de muchas personas en Lima, a la supuesta importación de “colonos polinesios”, este tráfico se suspendió por la insistencia del gobierno francés, que conllevó la cancelación de las licencias de importación y la repatriación de los sobrevivientes polinesios, incluidos los rapanui, a sus islas de origen. Fueron en su mayoría barcos franceses los que repatriaron a los rapanui y a otros polinésicos14. La repatriación de esta docena de sobrevivientes, significó la muerte de muchos otros, al introducirse la viruela y la tuberculosis en Rapa Nui. 15
En septiembre de 1862 un barco francés, al mando del Capitán Lejeune, recaló en Rapa Nui, llamándole la atención el hecho de que la isla se encontrara sin un protector europeo. Desde Rapa Nui procedió directamente a Valparaíso, donde aprovechó de hacer una visita a la congregación francesa del Sagrado Corazón. Esta congregación estaba encargada no sólo de la evangelización en Chile, sino también de toda la Polinesia oriental, zona de interés estratégico para el gobierno francés.
4. Misioneros y primeros colonos europeos (1864-1882)
Fue el capitán Lejeune quien sugirió a los padres franceses establecer una misión en Isla de Pascua, lo que se materializó en 1864. La autorización para establecer una misión en Rapa Nui, fue otorgada por el Reverendo Padre Pacomio Olivier, quien envía a Eugenio Eyraud, un industrial de origen francés radicado en Copiapó que estaba postulando al noviciado en dicha congregación. Eyraud arriba en la goleta Suerte, con seis rapanui repatriados, entre ellos el niño Manu Rangi, el niño rey o ariki poki. Eyraud permanece inicialmente nueve meses en la isla. Llegó aprovisionado de elementos de construcción y de una campana. En su primera estadía logra aprender el idioma, traducir el catecismo e iniciar la instrucción de algunos isleños. En 1866 regresa junto al padre Hipólito Roussel y tres asistentes de Mangareva, estableciendo con ello la primera misión católica en Hanga Roa. Ese mismo año, se establece una segunda misión en Vaihu16. Hasta esa época la población de la isla vivía distribuida a lo largo de toda la costa, sin embargo el establecimiento de las misiones atrajo un importante número de personas hacia los lugares de emplazamiento de los centros misionales17. En octubre de 1866 arriba la goleta Tampico, desembarcando a otros dos misioneros, Gaspar Zumbohm y Theodule Escolan, junto a un número importante de árboles frutales y animales diversos. Los misioneros efectuaron compras de terreno a nombre del Arzobispado de Tahiti, adquiriendo un total de 635 hectáreas a través de dos transacciones certificadas con escrituras y testigo18.
En 1866, Roussel estima la población en mil doscientas personas, sin embargo hacia 1869 no sobrevivían más de seiscientas19, para llegar a sólo ciento diez individuos en 1877. En 1892, en un censo realizado por la goleta Abtao se contabilizan 201 personas20, siendo la mayoría niños. La muerte de un alto porcentaje de la población, junto con la reubicación de importantes núcleos en las cercanías de las misiones, altera profundamente la estructura tradicional de poder y las relaciones de los linajes con sus territorios ancestrales.
En 1868, año en el cual fallece Eugenio Eyraud, arriba a la isla el comerciante y marino francés Jean Baptiste Dutrou Bornier, que se dedica a la explotación de ovejas en varias islas de la Polinesia. En dos ocasiones ya había estado en la isla de Pascua, y en una de ellas como capitán de la goleta que llevó a los misioneros. Aprovechó aquella ocasión para adquirir un terreno en la isla. Una vez establecido en Pascua, confraterniza con los misioneros y juntos crean el llamado Consejo de Estado de Rapa Nui -también llamado tribunal de Culto- para establecer las reglas a seguir dentro de la recién fundada Villa Santa María de Rapanui. En 1871 forma una sociedad con Alexander Salmon y John Brander, dueño de una de las casas comerciales más grandes de la Polinesia21 y en la cual se incluye inicialmente la Iglesia Católica. Su alianza inicial con la Iglesia Católica y la tendencia de concentrar la población en la naciente villa de Santa María de Rapanui, hoy Hanga Roa, contribuye a desestabilizar los sistemas tradicionales de poder favoreciendo una dependencia de la población de suministros ofrecidos por la Iglesia y Dutrou Bornier22. Los misioneros intentaron “civilizar” a la gente, prohibiendo la práctica del tatuaje y repartiendo ropas23.
La cada vez mayor dependencia de los isleños de los bienes proporcionados por los europeos y la escasez generalizada de alimentos en la isla, provocaron un enfrentamiento entre dos bandos isleños, conformados principalmente por los Marama de Hanga Roa unidos a los Miru de Anakena, y liderados por Torometi que eran partidarios de Dutrou Bornier; haciendo uso de armas de fuego, se dedicaron a saquear las plantaciones en torno a la Misión, pertenecientes a los partidarios de los misioneros. Entre misioneros y Bornier, se desencadenaron pugnas instigadas por las ambiciones del francés, especialmente en cuanto al uso de las tierras y al trato dado a los rapanui, que culminaron en intimidaciones y quemas de siembras por parte de este hacia los isleños y misioneros. El padre Roussel, a petición de Monseñor Tepano Jaussen, obispo de Tahiti, abandona la isla junto a ciento sesenta y ocho rapanui para establecerse en la isla de Mangareva, proporcionándoles trabajo en las plantaciones que la Iglesia mantiene allí. Mientras tanto, Bornier traslada a otros 109 rapanui a Tahiti donde son empleados en las plantaciones de Brander en Ha’a Pape. En años posteriores, otros 67 isleños parten a Tahiti.
Dutrou Bornier, ahora único “dueño” de la isla, se autoproclama rey Juan I de Isla de Pascua24. Implanta su reinado e inviste como reina a una nativa “Ko Reta Pua A Kurenga” con quien tiene dos hijas, y establece su residencia en el sector de Mataveri. Finalmente, después del abandono de los misioneros, puede dedicarse a hacer aquello a lo que había llegado, es decir, a la explotación ganadera de la totalidad de la isla, para lo cual adquiere en Sydney más de cuatrocientas ovejas y otra mercadería que se sumará a las dejadas por los misioneros25. En una visita de la corbeta O’Higgins a Pascua, se informa que Rapa Nui en su totalidad estaba bajo explotación de Bornier, teniendo a todos los habitantes que aún permanecen allí como inquilinos, y habiendo establecido una especie de tributo obligatorio de aquellos26.
Bornier transforma la isla en una hacienda ganadera, exportando sus productos a Tahiti, trasportándolos cada cuatro meses en una goleta que viaja desde Pascua hacia Tahiti. Bornier negocia unas veinticinco compras de terrenos a los rapanui, las cuales carecen de legitimidad pues en su mayoría no precisan límites, ni extensión, o fueron hechas a menores de edad. Existe un único certificado de venta de terrenos en el cual se establecen las dimensiones de los terrenos que Bornier adquiere: 1031 hectáreas por la suma de 300 francos pagaderos en mercaderías27, suma irrisoria para el valor comercial de las tierras en aquella época. Como única autoridad en la isla, Bornier se adueña de los terrenos que habían sido cedidos a la Iglesia y con el tiempo va ampliando los límites de su territorio, sin que nadie se le pueda oponer28. (Ver Mapa Nº 17)
En 1875, de acuerdo al informe del segundo viaje a Isla de Pascua de la corbeta O’Higgins, la población descendió a 175 personas, concentrándose en Vaihu, Mataveri y Hanga Roa.
Dutrou Bornier es asesinado en la isla en 187629. Luego de su muerte la hacienda seguirá bajo la administración de uno de los hijos de su socio -Arii Paea Salmon-. Paea Salmon, emparentado con la familia real tahitiana, se traslada a Pascua con 20 tahitianos. Junto a él regresa el padre Hipólito Roussel. El obispo de Tahiti, Mons. Tepano Jaussen interpone un recurso de amparo en favor de los isleños quienes reclamaban sus territorios ancestrales. Bajo la administración de Paea Salmon, a los rapanui que trabajan en la “estancia”, se les pagará en animales y se incentivará la manufactura de objetos de artesanía para su venta. En esos años, se crea un intenso tráfico comercial con Tahiti y se produce un constante flujo de rapanui hacia dicho lugar. En 1881, una delegación de rapanui viaja a Tahiti para solicitar formalmente el protectorado al gobierno francés y el envío de un gendarme. Sin embargo, esto no se concreta30. El gobierno francés reconoció su protectorado sobre las personas, pero no así sobre la isla justificando su negación en la escasez de recursos naturales y su mala ubicación geográfica31. Durante 10 años la administración queda en manos de la sucesión Brander- Bornier, mientras se disputa en las cortes de Tahiti la posesión de las tierras. En 1884, el Tribunal de Alzada de Papeete adjudica la totalidad de los bienes de la sociedad a John Brander hijo. Los descendientes de Bornier, junto a algunos rapanui, interponen un recurso de protesta que es visto en la Corte de Burdeos y que finalmente falla en 1893 cuando la isla ya se encuentra bajo administración chilena32.
En 1882 el padre Roussel decide instaurar una monarquía en la isla, siguiendo el modelo tahitiano, según el cual los monarcas son elegidos por los isleños en virtud de ser descendientes directos del último rey. Fueron rebautizados como Adán (Atamu) y Eva, para simbolizar su nuevo status como figuras fundadoras33.
5. El Acuerdo de voluntades entre el Ariki Atamu Tekena y el Capitán de Corbeta Policarpo Toro
A mediados de 1885, don Benjamín Vicuña Mackenna escribe un artículo titulado “El reparto del Pacífico”. En él hace referencia a que varias naciones europeas y americanas han anexado diversas islas y archipiélagos del Pacífico Sur y se pregunta por qué Chile no ha tomado ninguna, especialmente a Pascua que es la más cercana al territorio: “Si de nuestro país ha partido la luz del evangelio y de la civilización a Pascua, debe ser también nuestra bandera la que allí flamee”.34
En 1870 la Armada chilena envía a la corbeta O’Higgins a un viaje de reconocimiento. Como cadete viaja Policarpo Toro.
Desde el establecimiento de la misión católica en la isla, el Obispo de Tahiti Monseñor Tepano Jaussen se preocupó por la situación isleña, abogando porque Chile tomara posesión de esta. Por otro lado, los rapanui en tres ocasiones diferentes solicitan formalmente la protección del gobierno francés, la cual es rechazada en todas las ocasiones. Francia no tenía mayor interés en ella.
En carta enviada el 6 de septiembre de 1871 al Reverendo Padre Superior de la Congregación de Valparaíso, Tepano Jaussen ruega a las autoridades eclesiásticas chilenas convencer al gobierno chileno de comprarle las tierras que el Arzobispado posee en Isla de Pascua.
“Me parece que la República no puede dejar escapar esta ocasión de apropiarse muy legítimamente de un punto importante sobre sus costas; esta isla es buena para llevar deportados, pero la utilidad más grande que puede Chile obtener de ella es el impedir, en un caso de guerra de que una nación extranjera instale allí un barco a vapor...”
En carta del 30 de septiembre del mismo año reitera esta petición,
“Nos haría un gran servicio al vender a la república de Chile nuestras propiedades en Isla de Pascua... Me parece que la República haría bien mal en dejar escapar esta ocasión de tomar posesión de una isla de 10.000 ha de buena tierra... Podemos más tarde negociar una venta entre la República y los naturales transportados acá35 para la cesión de sus tierras pero lo esencial para nosotros es vender lo que nos pertenece...36.
Esta negociación es continuada por el sucesor de Jaussen, Mons. Marie Joseph, quien en carta enviada a Valparaíso en septiembre de 1887 sostiene,
“... estoy totalmente dispuesto a cederle con acuerdo de la Santa Sede, mis derechos de jurisdicción sobre Isla de Pascua. El Gobierno de Chile puede tomar posesión de esa isla y colonizarla transportando allí desde campos chilenos familias enteras...37
Así, a mediados de 1887, Toro suscribe un contrato con el Sr. Tati Salmón por sus propiedades en Pascua. Regresa a Valparaíso con la escritura de compra y venta de las propiedades de los hermanos Salmon, con un compromiso de venta de las propiedades de John Brander y el traspaso de la jurisdicción eclesiástica a Santiago.
En carta al Ministro del Interior fechada en febrero de 1888, Toro enumera a las personas que aducen propiedades en Pascua como:
“1° Los misioneros franceses (por terrenos), 2° Mr. Tati Salmon (por animales comprados a la Misión), 3° A. Salmon (por terrenos comprados a los indios), 4° Mr. John (animales y tierras compradas a la sucesión Brander), 5° Sucesión Bornier en juicio con sucesión Brander y, 6° Los indígenas, como primitivos dueños y señores.”
Adjunta a esta carta planos, contratos de compraventa y de promesa de venta más los documentos que acreditan la cesión de derechos del obispo de Tahiti al arzobispo de Santiago. En la carta explica los procedimientos por los cuales adquiere la casi totalidad de las tierras de la isla -las tierras de la Iglesia y de los hermanos Salmon-. En cuanto a las tierras en litigio por Brander, explica: “... queda solamente la parte del Sr. Brander, sobre la que no podía aventurar nada por hallarse dicha parte en litigio”. Asimismo explica las razones por las cuales en las transacciones él aparece como negociador privado “(...) la escritura de venta, firmada por el Señor Brander en Santiago, no podía tener resultados positivos por cuanto el señor Brander no es el único ni verdadero dueño de la propiedad... ”38.
Finalmente en abril de 1888, Toro recibe instrucciones del Sr. Ministro Vicente Dávila Larraín para comprar las propiedades de Salmon, pagando el monto convenido de 2000 libras esterlinas. Su hermano, el capitán de Ejército Pedro Pablo Toro, es nombrado “subinspector de colonización” y debe dejar en la isla a dos familias de colonos junto a su hermano. Propicia también el traspaso de la jurisdicción eclesiástica a Santiago, con la escritura de compra y venta de las propiedades de los hermanos Salmon, y un compromiso de venta de las propiedades de John Brander. El capitán Policarpo Toro arriba a Pascua junto con su hermano Pedro Pablo Toro, para negociar, tomar posesión oficial y duradera del territorio a los jefes rapanui.
El día 9 de septiembre de 1888, se firma un documento de cesión -Vaai Honga Kaina- y una proclamación -Vananga Haake-, ambos redactados en español y en una mezcla entre rapanui y tahitiano antiguo. El texto en español del documento de cesión, fue trascrito por Vergara en 1939. En 1974, los originales de este documento fueron entregados a Grant McCall por los ya ancianos Juan Riroroko Mahute y su esposa Luisa Tuki Kaituhoe para su custodia hasta que los tiempos sean propicios39. El acta es bastante concisa y el texto en español no hace alusión a la propiedad de la tierra, sólo hace referencia a la cesión de soberanía al Gobierno de Chile y especifica que los jefes rapanui se reservan el título de jefes del que están investidos. El texto en Rapanui/Tahitiano, difiere en algunos puntos sustanciales con el escrito en español. Este último habla de cesión de tierras, sin embargo en el texto rapanui se usa el concepto de mau te hoa kona “amigo del lugar”. Recordemos que pocos años antes, los isleños en varias instancias solicitaron al gobierno francés establecer el protectorado. No se habla de ceder tierras o su propiedad. De hecho, el texto en español habla de ceder para siempre y sin reserva la soberanía, mientras que el texto rapanui/tahitiano traducido al Rapanui moderno dice, ia i haka tika i ta ite runga, iraro ina he kainga kai ta, vale decir, “escribir sobre lo de arriba” , refiriéndose a lo superficial del terreno, “lo de abajo no se escribe aquí”, o sea no entra en el acuerdo, haciendo alusión al kainga, el territorio. Según la tradición oral, el entonces ariki Atamu Tekena como gesto simbólico y para reafirmar el acuerdo entre las partes, cogió un trozo de pasto con tierra entregándole el pasto a los comisarios, quedándose ellos con la tierra, queriendo decir con esto que otorgan la soberanía al gobierno chileno, pero se reservan el derecho inalienable y ancestral de su tierra.40 Estella recoge las versiones de los isleños que recuerdan ”... que traía el capitán tres sacos de plata uno para el señor Brander, otro para el subdelegado y el tercero para el rey de la isla (?)... El rey rechazó el saco de dinero diciendo: ”... lleva tu plata, que yo, ni ningún kanaka, hemos vendido terreno alguno...”41.
El rey, en ocasión que Pedro Pablo Toro ya estando solo en la isla, iza la bandera chilena, diciéndole:
“- Tu bandera puedes poner, pero en el mismo palo de nuestra bandera y en la parte baja, la alta es para la nuestra.
- Muy bien así lo haré, contestó el señor Toro, y el rey agregó:
- Al levantar tu bandera no quedas dueño de la isla porque nada hemos vendido: sabemos que el señor Obispo puso a la Isla bajo el protectorado de Chile, mas nada se ha vendido42.”
Los periódicos de la época, al regreso a Chile de la nave Angamos, hacen alusión a este acto, escribiendo:
“La ocupación de la Isla de Pascua. La toma de posesión de esta isla tuvo lugar el 9 del presente con las formalidades i ceremonias de estilo en estos casos. Para constancia se levantó una corta acta en castellano i pascuense o como se llame el idioma de los naturales...43”
Ya en esa época, hubo voces que lo cuestionaron. Una curiosa nota aparece en el diario La Época -26 de septiembre del mismo año-, haciendo referencia a las formalidades:
“La toma de posesión a nombre del gobierno de Chile de la isla de Pascua, dice un diario de Valparaíso, sólo fue presenciada por uno de los vendedores, Mr. Salmon y dos señores extranjeros y sin asistencia de ningún oficial del Angamos... La posesión solo se empezó a ejercer sobre lo que Mr. Salmon aseguró que le pertenencia y sobre lo que se llama la misión tahitiana. El resto de la isla quedó en manos de los señores Brander mientras estos terminan un juicio que tienen pendiente en Burdeos, terminado el cual entregarán la parte que les corresponde y recibirán por ella seis mil libras...” Finalmente aludiendo a un negocio personal del capitán del barco -compra de vainilla, cacao y coral- dice, ”... Ha sido el mayor provecho que se ha obtenido de ese viaje sin objeto práctico, sin utilidad para el Estado sin gloria para nuestra bandera. La ocupación de Pascua tiene sabor a filibustería44”.
A través de este “Acuerdo de Voluntades”, se sella entonces la cesión de la soberanía entre el ariki Atamu Tekena y el Capitán Policarpo Toro. En este acuerdo están las bases del compromiso que asumiría el Estado de Chile frente a la isla y sus habitantes. Los isleños alegan el incumplimiento de tal compromiso, como causa de los muchos conflictos del pasado reciente y, en particular, de la actitud de rechazo de la comunidad rapanui hacia el “fisco” de Chile y a los chilenos en general45.
La firma de este tratado tendrá consecuencias más adelante, cuando las autoridades se desentiendan de los acuerdos tomados por los jefes rapanui y Policarpo Toro, al confundir el concepto de soberanía con el de tenencia de la tierra, inscribe entonces la totalidad de los terrenos, con excepción de aquellos que ocupan los isleños, a nombre del fisco chileno, realizando licitaciones y ofreciéndola en calidad de arriendo; en definitiva y a través de estos mecanismos, otorgando títulos de dominio a quienes son sus propios dueños46.
Resumiendo la situación de las tierras al momento de la firma de este acuerdo, el gobierno de Chile adquiere derechos sobre los antiguos bienes de la iglesia -635 hectáreas-, de los terrenos de los hermanos Salmón –aproximadamente, 700 hectáreas- y de los terrenos de John Brander. El resto seguía perteneciendo a los rapanui47.
Curiosamente, todas las transacciones efectuadas por Policarpo Toro en Tahiti y Rapa Nui, por la compra o cesión de terrenos, ya sea de la estancia ovejera o de la Iglesia Católica, son financiadas con dineros personales que pertenecían a su familia y no al Gobierno de Chile. El Estado nunca pagó por ellas. Incluso Policarpo Toro en carta al ministro del Interior explica las razones por “(...) no estar autorizado por el Supremo Gobierno para entrar en arreglos de ningún género con los dueños de Pascua...”48.
Como consecuencia de la anexión de la isla a la República de Chile, se instalaron doce chilenos en la isla que fueron abandonados, junto a los rapanui, a su suerte hasta 1892. La Guerra Civil de 1891 significó la detención de Policarpo Toro en el continente y el abandono de Pedro Pablo Toro y los colonos en la isla, quien nunca recibió instrucciones ni ayuda económica del gobierno. Al parecer, la guerra postergó hasta el olvido la ratificación del Acuerdo de Voluntades.
Durante este período se pierden los contactos con Tahiti y con Chile, fracasando por completo el intento de colonización de la isla con familias chilenas. El Estado desconoció los compromisos adquiridos por medio de la firma de este documento, compromisos a los cuales se hace alusión en el documento de proclamación -ver anexo1- y que según los rapanui actuales, corresponden a entregar educación, trabajo, progreso y respeto a su población49.
Es interesante destacar aquí un comentario hecho en 1902 por parte del Director General de la Armada al Ministro de Marina, en el cual se le pregunta qué Corte tiene la jurisdicción sobre los crímenes o delitos cometidos en la isla y acota: “... No se conoce ley ni decreto que disponga que esta, que fue misión y protectorado francés, haya pasado a formar parte integrante de nuestro territorio, como Subdelegación de alguna provincia, ó como territorio de colonización de tal o cual provincia... ”50.
6. Explotación ganadera e inquilinaje
En la época en que se realiza la anexión de la isla, Chile vivía una etapa de auge económico y expansión territorial con Valparaíso, como principal puerto del Pacífico, logrando controlar el cabotaje entre Norteamérica y el Pacífico. Coincide también, con esta expansión territorial de Chile hacia el Norte Grande y su riqueza salitrera, la penetración y colonización de los territorios de la Araucanía y Tierra del Fuego. La anexión de Isla de Pascua, viene a ser un eslabón más del proceso expansionista chileno, siendo el único caso en que esta propagación se realizó por medio de un acuerdo y no por la vía militar51.
La Revolución de 1891, significó entre otras cosas, el abandono del tímido proceso de colonización por parte del Estado, y la transformación, a partir de 1895, de la isla en una estancia ovejera en manos de particulares de origen extranjero52. La isla es arrendada, primero, al ciudadano de origen francés Enrique Merlet y, posteriormente, a la Compañía Explotadora de Isla de Pascua, de nacionalidad inglesa, propiedad de la compañía Británica Williamson Balfour.
En efecto, en 1895, John Brander decide vender sus tierras en Rapa Nui al comerciante Enrique Merlet, francés radicado en Valparaíso, quien por un monto de 4000 libras esterlinas adquiere las propiedades de Brander, las cuales según ese documento, corresponden a las tierras que no estaban involucradas en las transacciones llevadas a cabo por Toro en nombre del Gobierno de Chile -o sea las antiguas propiedades de Tati Salmon y de la Misión Católica-. De esta manera, Brander da a entender que es dueño de todas las otras tierras de la isla, con excepción de las hijuelas de los nativos. Así, los rapanui fueron desposeídos de las tierras que aún conservaban53. La venta se ratifica en 1897 en Valparaíso, creándose la Compañía E. Merlet. El Gobierno chileno, dio su aprobación a esta transacción al arrendar ese mismo año sus posesiones al mismo Merlet por un plazo de veinte años. De esta manera, el Gobierno de Chile se desentendió de los compromisos y responsabilidades asumidas con los habitantes de Isla de Pascua. En el contrato de arriendo, se estipula que Merlet tiene la obligación de mantener tres familias chilenas como colonos en la isla, aprovisionarlas de víveres, mantener comunicación con la isla por lo menos una vez al año y devolver al cabo de veinte años todo lo que había recibido, más las mejoras introducidas.
Con el correr del tiempo, los despojos y abusos -quema de las siembras, impedimentos para pescar y frecuentes castigos corporales54- de que son objeto los rapa nui a consecuencia de las actividades de la Compañía Explotadora de la Isla de Pascua, desencadenan una ola de sucesivos conflictos y enfrentamientos. Uno de ellos encabezado por María Angata, en 1914.
Durante estos años, Rapa Nui es gobernada por los agentes colonizadores vinculados a la compañía ovejera que explotaba económicamente la isla y por la Armada de Chile, que representó por largo tiempo los intereses del Estado chileno. El control político lo ejercía el administrador de turno de la estancia ovejera, que a su vez, era el Subdelegado Marítimo, destacándose por los abusos y atropellos que cometieron en contra de los isleños. Esto se traduce en la reclusión forzosa de la población rapanui al sector de Hanga Roa, de no más de 1000 hectáreas, zona que es cercada con pircas y alambradas para impedir que los isleños pudieran desplazarse libremente por los campos. Esta práctica se mantuvo hasta los años sesenta, e incluso no fue modificada por las autoridades navales55.
“Se cerró gran parte de Pascua y nos dejó la parte donde está Hanga Roa... y tú sabes que es pura piedra esa cuestión... y algunas partes para sembrar, pero se redujo a Hanga Roa, los rapanui, los ciudadanos, claro. La Compañía ocupaba la mayoría de la isla y nosotros quedamos reducidos ahí. Para entrar al fundo de la Williamson teníamos que pedir permiso, una semana antes, para poder ir a pescar o marisquear, porque otra cosa no se podía hacer56.”
La explotación de las tierras de Isla de Pascua, había requerido una reorganización del espacio, siempre en desmedro de los rapanui.
En un informe del capitán Stuven57 de la nave Baquedano, que realizó un viaje de inspección a Rapa Nui, podemos extraer el siguiente comentario:
“ ... la situación en la isla era mala en primer lugar por existir en ella una gran miseria y porque había hambre. Los naturales no tenían qué comer, no se les vendía carne, no se les permitía salir a pescar y se los mantenía en la más completa ociosidad a fin de impedir que pudieran ganarse su subsistencia...58”.“... Ellos marcaban el valor del saco de maíz. Ellos marcaban los precios, los valores del trabajo59”.
Los subdelegados tuvieron un poder absoluto que se contrapuso al ejercido por los Ariki. El ariki Atamu Tekena falleció en 1892 y en su reemplazo había sido elegido Ko Riro a Ngaure. Este había actuado en forma autónoma entre 1892 y 1896, período en el cual ningún barco chileno o representante de Chile visitara la isla. Los nuevos administradores de la isla, además se apoderaron del ganado de los isleños y restringieron al mínimo los terrenos para sus plantaciones. En 1898, el ariki Riro ko Ngaure viaja a Valparaíso para solicitar la intervención del gobierno, pero fallece en circunstancias extrañas a pocas horas de arribar al continente, en el Hospital San Juan de Dios, sin que existan hasta hoy noticias del paradero de sus restos60.
Los administradores de la estancia ganadera hacen uso de los rapanui como esclavos61, obligándolos a trabajar en extenuantes jornadas de Sol a Sol construyendo pircas, en las siembras y en la esquila de ovejas.
Uno de ellos, Horacio Cooper:
“.... emplea indistintamente a todos los habitantes de la isla -viejos, niños, hombres y mujeres-. El trabajo dura tanto en invierno como en verano, desde las cinco de la mañana hasta la oración.A la una del día se concede a los trabajadores una hora de descanso, con el fin que se preparen un almuerzo que ellos mismos deben proporcionarse, porque no se los da Cooper...”“(...) El pago de los jornales no se ve jamás, o si se ve, es convertido en trapos inservibles o víveres cuyo precio se cuadriplica en los ajustes de cuenta.¿Porqué, se preguntarán muchos, trabajan en tales condiciones los habitantes de la isla? Porque si no lo hacen, ahí está sobre su cuerpo, la vara o el látigo del señor Cooper. (...) si no es el látigo o la vara, vienen las multas que el ajente del gobierno impone i que nunca son menores de diez o veinte pesos(...)”62.
En junio de 1916 Monseñor Rafael Edwards visita junto al padre Zósimo Valenzuela la isla en Comisión de investigación, en vista de los graves abusos denunciados. En 1917 realiza otro viaje en compañía del padre Bienvenido de Estella y el hermano Modesto. Durante su estadía de casi un año, el Obispo recoge testimonios de rapanui sobre las propiedades de las distintas familias, y sus deslindes de acuerdo a la distribución tradicional de esta.
Se transcribe a continuación parte de los testimonios recogidos de los ancianos en 1918, por Monseñor Edwards63: “Nosotros a nadie hemos vendido terreno; nuestras manos no han tocado plata ni nuestros ojos la han visto”64.
Monseñor Edwards transcribe varios documentos que le fueron mostrados en la isla y que corresponden a las instrucciones dadas por del rey Maurata a John Brander, durante las negociaciones con Policarpo Toro. Se transcribe aquí solamente la traducción publicada en Estella65 :
“Rapanui 15 de octubre 1888
Han-ngapiko no es vendido, Mataveri tampoco esta vendido: No está pues, ninguno de los sitios vendidos, y aunque la gente diga está vendido, por segunda vez digo que no está vendido: y Han-ngapiko es mío, Han-ngapiko es mío: de su costado hasta el cerro, del cerro hasta frente de la casa, por medio del camino; de ahí hacia el peñón de arriba que, hay pedruscos en medio, fijándose en la primera piedra, de ahí derecho arriba a otro peñón que es “Hahaturupei”... Esta es una parte donde se acaba la línea de Han-ngapiko.
Este es el ancho de Han-ngapiko: de la casa, frente, hasta la bahía Han-ngapiko, de ahí al cerro Epukuemoe; siguiendo al llano Mamaura, va a Maugapua, y de ahí cruzando el volcán, llega hasta Paparona: este es el ancho de Han-ngapiko.
De frente a Han-ngapiko y frente a Mataveri, siguen las líneas hasta los hoyos; y atravesando los hoyos, baja hasta el volcán a dar con el cráter abajo en una cueva; lo demás del cráter es de Taratau, donde llevaba sus animales el señor Brander. Es la última palabra del Rey.” Carta firmada por Maurata.
A continuación vienen los nombres de cuarenta personas dueñas de los terrenos de Han-ngapiko, Mataveri y Ranokao, finalizando con la siguiente afirmación:
“En una palabra estos son los cuarenta dueños de Han-ngapiko, de Mataveri y de Ranohao... Vosotros decid al señor Brander que no entregue en venta el terreno al señor Toro. Esto es lo que Ud. entregará al señor Toro: animales, caballos, animales vacunos y corderos: esto ha de entregar en venta al señor Toro.”
Transcribe y traduce además, otro documento mandado por los pascuenses que vivían en Tahiti al rey Maurata. Dice :
“¡Ninguna parte de Han-ngapiko está vendida al señor Brander, la gente discutió con él por Han-ngapiko, en Tahiti; y dicen los pascuenses que están en Tahiti que no crean ni piensen que han vendido a ese señor parte de sus propiedades: y Uds. tengan cuidado de no venderle ningún terreno de la isla, porque tendremos peleas y pleitos.
Voy a contaros lo verdadero para que abráis los ojos y no andéis en discusiones:
Ved aquí los deslindes de Han-ngapiko:
Va la línea de Han-ngapiko a la piedra “Taiáa”, de ahí, de frente y por medio de la piedra llega hasta la piedra “Mataoti”, donde hay una casa; y partiendo por medio de ella, sigue la línea hacia el cerro del matá, donde hay otra casa, que habita un europeo, que os digo lo saquéis de ahí.
La otra línea de deslinde va del pozo de agua hasta la piedra grande “Huhaturupei”; os lo digo claro, para que sepáis la línea bien, ésa es la piedra: de ahí mirando al oriente, sigue a la derecha hasta la hoya “Iarako”. Esta es la línea de Han-ngapiko; a Ud. toca examinar las mentiras de las gentes, pues los extranjeros pueden creer que la isla está vendida.
Aquí todos los de Pascua que vivimos en Tahiti dijimos al señor Brander desde el principio que nada se vendió ni se vendería.” -Esta carta está firmada por Tepano-.
Existe otro documento de la época (1888) que corresponde a un listado de nombres de personas y propiedades en la Isla -según distritos-. El texto está escrito en una mezcla de Tahitiano y Rapanui antiguo. El original de este documento fue entregado en 1974 a Grant McCall66. En el texto se enumeran los propietarios dentro de diferentes sectores, comenzando por el sector Anakena hasta Ahu Kino Kino, donde registra 50 propietarios. Continúa desde Umu Onu hasta Ahu Mati (ki), de Ahu Mati (ki) hasta Vai Mata, desde Vai Mata pasando por Mai Taki te Mo’a Ara Vihi hasta Papa o Pea y Puku Tapu.
Al regreso de su primer viaje, Monseñor Rafael Edwards denuncia públicamente los maltratos hacia los rapanui y del estado calamitoso en el cual se encontraban los leprosos. A consecuencia de ello, se dicta la ley N°3220 con fecha 29 de enero de 1917 por medio de la cual el Gobierno debe construir un lazareto para los leprosos y una escuela en Isla de Pascua. Este decreto, además establece que la Isla dependerá de ahí en adelante de la Dirección del territorio marítimo de Valparaíso y ”... quedará sometida a las autoridades, leyes y reglamentos navales”. Se somete a los pascuenses a un régimen legal especial, que los priva de los derechos y garantías establecidas en la Constitución, situación que perdurará hasta 1965.
El 7 de noviembre de 1916, el Ministerio de Tierras y Colonización publicó el decreto N° 1291 que refería que en atención a la persistencia de los abusos cometidos por la Compañía de Merlet en contra de los pascuenses y a los intentos de esta de disputar al Estado los terrenos que ella explotaba en arriendo, se pone término al contrato de arrendamiento. Se establece en el artículo 1°:
“Declárese caducado el contrato de arrendamiento de la Isla de Pascua suscrito con don Enrique Merlet, el 3 de septiembre de 1895 y prorrogado en virtud del decreto N° 712 del 20 de julio del presente año, cuyo artículo segundo establece que “el Gobierno se reserva la facultad de poner término al arrendamiento en cualquier tiempo y sin más desahucio que la notificación que se haga al arrendatario67.”
Tal medida se toma: con motivo de los derechos de propiedad que dicha Compañía pretende tener sobre partes de la Isla mencionada. Al mismo tiempo esta ley nombra una Comisión, compuesta por Monseñor Rafael Edwards Salas y Luis Thayer Ojeda que tendrá como fin “(...) estudiar los problemas jurídicos y administrativos relacionados con la Isla de pascua y propondrá al Gobierno las medidas conducentes a salvaguardar los intereses fiscales y a mejorar las condiciones de vida en que se encuentran los habitantes de aquella posesión de la república 68”.
Sin embargo, meses después (mayo de 1917) el arriendo se renovó bajo la dictación de un Temperamento provisorio69 que rigió hasta 1929, lo que finaliza con la recomendación de la inscripción fiscal de las tierras de la isla en el Conservador de Bienes Raíces de Valparaíso.
Merlet emprende un negocio a gran escala: la isla se transforma en una estancia ganadera, a manera de las estancias ovejeras en Tierra del Fuego, pero implantando un sistema de explotación y peonaje de la población muy similar al sistema que estaba operando en las oficinas salitreras del norte de Chile. De esta manera, los isleños pasan a ser forzosamente peones de la estancia70.
Posteriormente, Merlet se asocia con la empresa Williamson & Balfour y esta desde 1903, se conocerá como “Compañía Explotadora de la Isla de Pascua” (CEDIP), cuyo propio nombre expresa su accionar.
En 1902, ante los constantes levantamientos de la comunidad, encabezados por el ariki, la autoridad representada por la Compañía elimina esta figura, colocando en su lugar a un sujeto proclive a los intereses de la Compañía Explotadora. Todo intento de desobediencia -protesta-, recibirá amenazas de ser sancionado con la cárcel en el continente.
Desde 1917, la isla estará sujeta a las autoridades, leyes y reglamentos de la Armada de Chile, única institución del Estado en contacto con ella por muchos años. En 1917, bajo el nuevo contrato de arrendamiento, las condiciones de los isleños no mejoraron.
Durante la crisis económica de los años treinta, en Chile se produce un período de fuertes agitaciones, en donde algunos políticos comprometidos en un golpe de Estado, son deportados a Hanga Roa y producto de ello se alzan violentas querellas entre los marinos y los nativos.
Charlín, uno de los relegados a la isla nos relata su impresión de la situación de los rapanui71:
“En la vida natural de los isleños no existía ninguna de las condiciones que el ser humano conociera como condiciones mínimas para existir en el siglo XX. Se carecía de agua potable y sólo la lluvia proveía del vital elemento, No se conocía ningún medio de iluminación casera, porque las velas o bujías eran un lujo que no estaba al alcance del dinero que obtenían los isleños en las labores de la esquila de las ovejas, trabajo estacional de un mes al año, única forma de ingreso para hombres y mujeres. Se desconocía por completo la asistencia médica y sanitaria; no había medicinas ni elementos de desinfección para cualquier emergencia...”
7. Inscripción de la Isla de Pascua en el Registro de Conservadores de Bienes Raíces
El temperamento provisorio dictado en 1917 contaba con siete cláusulas, entre las cuales se consignaba que la administración general de los terrenos de la Compañía, se destinaban a servicios públicos y para los naturales dos mil hectáreas de los terrenos en las inmediaciones de Hanga Roa. Después de la publicación de la ley 3.220 en 1917, las autoridades navales de Valparaíso enviaron a Ezequiel Acuña como prefecto de policía y nuevo subdelegado marítimo. Se mantenía la prohibición a los rapanui de abandonar la isla. Acuña es el encargado de hacer cumplir la asistencia obligatoria a la escuela recién construida. En 1926 Carlos A. Recabarren, subdelegado registra el mal estado de la escuela que constaba de una pieza de madera, una pizarra, 22 bancos en mal estado, unos mapas de Chile, un escudo chileno y una campanilla. El texto de estudio es el Lector Americano72.
En 1926 se abre el informe “Memorias, balances e inventario y registro de propiedades”. En el informe del subdelegado Carlos Alberto Recabarren, se da cuenta de como se efectuaba la repartición de tierras a los rapanui, dentro de las dos mil hectáreas reservadas para estos y para los servicios públicos:
“En Isla de Pascua a ocho de marzo de mil novecientos veintiséis se presentó a esta oficina Timoteo Pakarati solicitando el terreno desocupado de Tajay y que mide más o menos cinco hectáreas. Doy el presente certificado como que he entregado a Pakarati este terreno, hasta segunda orden y provisionalmente73.”
En este mismo libro se documentan los certificados de terreno “para trabajar” -hasta 1930-, entregados por Recabarrren y los subdelegados que lo sucedieron -como Carlos Millán y Luis Zepeda-. El registro de propiedades consigna “las cesiones provisorias de terrenos” con sus respectivos planos de ubicación y relación con predios colindantes74.
En 1929, el decreto N° 946 pone término al “Temperamento Provisorio” y la Compañía debe confeccionar un inventario de los bienes fiscales que arrienda, debiendo proponer al gobierno dentro de seis meses de plazo, un proyecto de administración. En este decreto además se establece que “La oficina de Bienes Nacionales procederá a inscribir en el conservador de Bienes Raíces de Valparaíso la propiedad Fiscal de Isla de Pascua”75.
En 1930 el comandante Luis Caballero abogaba por un cambio de jurisdicción de la Isla, haciéndola depender del Gobernador Marítimo de Aconcagua, procurando la designación de una Comisión que se abocara a proponer soluciones para los problemas de la isla. En 1933 el capitán de navío Silvestre Calderón, reitera este proyecto. En julio de 1933 el Ministro de Defensa Nacional designa por decreto Supremo N° 942, una segunda Comisión Consultiva con el mismo fin de la primera, y que nuevamente está presidida por Monseñor Rafael Edwards, contando además entre sus miembros a Luis Arteaga García, Alberto Consiglio Ribosa y Fernando Reyes Ugarte76.
En agosto de 1933 esta Comisión concluye que “(...) estima indispensable y de deber esencial que, la Oficina de Bienes Nacionales proceda inmediatamente a dar cumplimiento a lo dispuesto por el párrafo 3° del decreto supremo N° 946 (...) además de avisar que las diligencias previas que establece el reglamento del registro conservatorio de Bienes Raíces, no son necesarias de aplicar en el caso del dominio fiscal de la Isla de Pascua, por lo que no debía (...) sino proceder lisa y llanamente a la inmediata inscripción”77.
En cumplimiento de lo ordenado por el juzgado de Letras en lo Civil de Mayor cuantía del puerto de Valparaíso, en auto de fecha 11 de noviembre de 1933, el conservador de bienes raíces procedió a la inscripción de la totalidad de Rapa Nui como propiedad fiscal, a fojas 2400, bajo el N° 2424 de dicho registro, basándose en el Artículo 590 del Código Civil aduciendo de que se trataba de tierras sin dueños78. La medida se planteó como de protección de los intereses del Estado ante intereses foráneos, que se fundaron en los intentos de Merlet de registrar sus posesiones en el Conservador de Valparaíso en 1916. El desconocimiento de los procedimientos legales por parte de la población rapanui, junto a su forzado aislamiento del mundo exterior, los tenía en una situación de desventaja para reclamar frente a estos hechos. Este acto administrativo ha sido tema central de la reivindicación territorial de los isleños hasta hoy79. Como fuese, el dominio feudal de la compañía, se prolongaría mucho más.
En enero de 1935, el Ministerio de Tierras y Colonización nombra a la Isla entera como Parque Nacional Isla de Pascua. El principal objetivo, fue limitar la salida sin control de objetos etnográficos y arqueológicos, así como proteger las especies endémicas -entre estas a la Sophora toromiro-. En julio del mismo año, el Ministerio de Educación declara a la isla Monumento Histórico Nacional. Sin embargo, estas medidas proteccionistas son contravenidas al año siguiente por un nuevo contrato de arrendamiento a la Compañía por otros veinte años. Estos compromisos contractuales, no evitaron la destrucción y saqueo de sitios arqueológicos, así como la salida de importantes piezas reunidas por misiones científicas extranjeras.
Hacia 1947, las denuncias sobre la situación de la isla motivaron una fuerte campaña periodística en el continente. La única respuesta fue la formación de la Sociedad de Amigos de Isla de Pascua, que mantuvo por años el leprosario, ayudando a los isleños que llegaran a Valparaíso escondidos en los barcos, entre otras obras benéficas. En el ámbito público, las presiones sólo culminaron en 1953, cuando el gobierno caducó el contrato de la Compañía.
Ya hacia fines del siglo XIX, el misionero Eich80 acusó los intentos de los administradores de la Compañía de hacer “esclavos a los nativos”. Visitantes posteriores siguieron insistiendo en esta situación, hasta muy avanzado el siglo XX81. Al punto que una revisión de la legislación indigenista chilena terminaba por denunciar la ausencia de disposiciones legales de tipo indigenista para Rapa Nui, existiendo por el contrario, disposiciones con un fuerte carácter compulsivo y discriminatorio, (...) demostrativo de la condición en que han vivido los pascuenses durante más de medio siglo82.
Manuel Banderas, miembro de una comisión enviada por el gobierno para realizar un informe del estado de la Isla, fue sorprendido por las prohibiciones de las que eran objeto los visitantes: no alojar en tierra, control de máquinas fotográficas, abstención de comunicar información sobre el valor y precio de los artículos y mercaderías en el continente, no informar sobre los salarios que se pagan en Chile, ni siquiera sobre los derechos ciudadanos o leyes sociales, etc.83 Y denuncia públicamente,
“... que en esta parte del territorio nacional no sólo no hay aplicación de leyes sociales y otras, que protejan los derechos ciudadanos, sino que, hay una situación mucho peor y que es ésta: los isleños además de recibir un trato salvaje, están en calidad de prisioneros...84”.
De hecho, los rapanui tenían prohibido moverse libremente en la isla y requerían de una autorización del Subdelegado Marítimo para salir del área cercada85. El acceso a algunos recursos marítimos, como la pesca o el combustible animal, estaba permitido por la autoridad marítima siempre y cuando no se “lesionaran los intereses del fundo”