Portada Anterior Siguiente Índice | 3. La invasión, destrucción y transformación

3. La invasión, destrucción y transformación


Con la llegada de los “huincas” se desencadenan procesos inéditos en estas tierras y que aún nos marcan. El proyecto de conquistar a los mapuches y sus espacios -sur del Bío-Bío- fracasa, dando paso a lo que la historia de Chile llama: la colonia[27].

Los europeos avanzan hacia el sur con ánimo de conquista. Se producen enfrentamientos y un período marcado por la violencia, la guerra, la destrucción de la sociedad indígena. Esa historia es conocida. Sin embargo, la conquista fracasa reiteradamente. El Gobernador de Chile es muerto en la batalla de Tucapel y son despobladas las ciudades del sur incluyendo Concepción. Lautaro avanza hasta el Mataquito. Vuelven refuerzos españoles del Perú y se reinstalan los europeos en tierras al sur del río Bío-Bío. Los mapuches no se dejan vencer y son muy pocos los años que los españoles logran ponerlos a trabajar en las minas de oro, los famosos lavaderos de Quilacolla, Valdivia y Villa Rica. Continúan años y décadas de una violencia inusitada hasta que a fines del siglo XVI, un grupo de pureninos descubre al gobernador Oñez de Loyola en Curalaba o Curalaf y le da muerte, siendo el segundo Gobernador en caer muerto, transformándose la Guerra de Arauco en un caso único en toda la conquista de América.

La invasión y conquista hispana tuvo efectos similares en todo lo que es el continente americano. En Chile hubo una cierta resistencia al sometimiento español por los pueblos del norte y centro del territorio como se ha visto en el numeral “I” de esta Primera Parte del Informe; sin embargo sucumbieron a los ejércitos hispanos y terminaron por incorporarse a la lógica de dominación que los españoles traían; esto es, fundamentalmente, la incorporación de la mano de obra indígena al sistema de producción español, que asumió la denominación de encomienda[28].

Sin embargo, los españoles no pudieron imponer su sistema en el territorio del sur de Chile, en territorio mapuche. Allí la dominación no surtió los efectos esperados por los hispanos, la conquista española fracasa; la respuesta se encuentra en la férrea resistencia militar que opuso el Pueblo Mapuche; situación que cambiará drásticamente el sistema de relaciones que deberá asumir la Corona española respecto de aquel.

Los mapuches, entonces, logran resistir la ocupación española. Logran sobreponerse a la penetración inicial de los hispanos, al establecimiento de los primeros fuertes y ciudades -Tucapel, Purén, Angol, Imperial y otras- en su territorio y de la distribución de su población en encomiendas. Después de numerosas batallas y hacia fines del siglo XVI, los mapuches logran la expulsión y el afianzamiento de una autonomía política y territorial sobre el espacio de la Araucanía. (Ver Mapa Nº 20)

Posteriormente al alzamiento de Curalaba[29], los españoles, al no poder penetrar los territorios mapuches, se ven obligados a constituir y fortalecer una frontera en los límites que señala el río Bío-Bío. A partir de aquí, la corona española se ve obligada a reconocer la zona ubicada al sur de dicha frontera, como un territorio autónomo perteneciente a otro pueblo, que la llevará a entrar en una dinámica absolutamente inédita en el resto del continente; lo que ha sido conocido por los historiadores como “La Frontera”[30].

En síntesis, los mapuches, poseen la admirable peculiaridad de haber permanecido independientes de España por espacio de más de 260 años. A pesar de todos los intentos realizados por los españoles, los mapuches, gracias al equilibrio militar que presentaron a los ejércitos castellanos, lograron mantener su independencia.

Las explicaciones que se han dado para entender esta resistencia de los mapuches frente a los españoles, inédita en la historia americana, han sido muchas y variadas. Se ha hablado latamente de una supuesta condición racial de los mapuches que los coloca por encima de otros pueblos en su condición de hábiles guerreros, así se ha llegado a hablar de un “espíritu guerrero” o de “raza militar”. Hoy en día, los estudios de Antropología han demostrado que no existe ninguna información que pueda establecer una relación de correspondencia entre los componentes biológicos hereditarios del ser humano y su comportamiento cultural. Es decir, las conductas, comportamientos y habilidades de un determinado pueblo, no pueden ser atribuibles a su condición genética ni nada que se le parezca, sino que dichas expresiones son el resultado de su adaptación a su entorno, su recorrido histórico, su relación con otros pueblos, en fin lo que en términos antropológicos se denomina cultura[31].

En la actualidad, cuenta con bastante aceptación un tipo de explicación que fundamenta las razones de su victoria militar, en el tipo de organización social mapuche,[32]. A diferencia de los inkas y aztecas, que poseían gobiernos centralizados y divisiones políticas internas, los mapuches tenían una estructura social no jerarquizada, sin poder central, siendo cada familia una unidad independiente. En los primeros casos, los ejércitos españoles golpearon el centro del poder político y, al conquistarlo, se aseguraron el dominio del Imperio. En el caso del Pueblo Mapuche esto no era posible, ya que su conquista y sometimiento pasaba por el de cada una de las miles de familias independientes.

Para los españoles, entonces, la existencia de una estructura sociopolítica mapuche que no era centralizada y que, por tanto, no pudiera obligar a sus miembros a obedecer, constituyó el principal obstáculo para su conquista.

Al llegar los españoles, y observar desde una mirada etnocéntrica a los mapuches, fijan su atención en todo lo que aquellos no tienen, con relación a la cultura europea. Para empezar observan esta carencia de poder centralizado, y luego, la ausencia de la figura omnipotente y omnisciente del Dios cristiano, lo que significaba que los indígenas estaban incapacitados de distinguir entre el bien y el mal. Esta doble ausencia de un poder claramente definido en el mundo terrenal y también en el mundo celestial, para el español “implicaba lógicamente la inexistencia de la ley. Hundía a estas sociedades en la más total confusión y la más grande inestabilidad... ”[33].

Ahora bien, a pesar de la mirada fuertemente etnocéntrica de los hispanos acerca del Pueblo Mapuche, el hecho de no poder conquistarlo los habría obligado a reflexionar permanentemente sobre los mecanismos que lo estaban imposibilitando Esto necesariamente condujo a los españoles, a fijar su atención sobre las características organizacionales de este pueblo. Respecto a ello, dos son los aspectos más relevantes que aparecen en los documentos de la época y que hacen referencia a la organización política de los antiguos mapuches: en primer lugar, el tipo de asentamiento disperso, y la guerra como reacción frente a la invasión europea. Los españoles notaron que si bien en tiempos de paz los grupos vivían en relativa autonomía e independencia, para la guerra se reunían bajo la autoridad de un solo jefe[34].

Lo anterior pretende demostrar que si bien a los ojos hispanos la sociedad mapuche se presentaba como una sociedad caótica, sin estructuras políticas, el análisis más detallado permite observar que sí poseía mecanismos de articulación sociopolítica; la diferencia radica en que estos mecanismos eran distintos a los de los españoles y que estos no tuvieron la capacidad de comprenderlos[35]. De este modo, debido a dichos mecanismos, la corona española se vio en la necesidad de modificar sustancialmente las estrategias de dominación que hasta el momento del contacto con los mapuches le habían reportado exitosos resultados, y tuvo que entrar en una negociación que la obligó a reconocer a los mapuches como actores distintos con los cuales debía negociar, cuestión que queda reflejada en la política de los parlamentos.

Sin embargo, antes de pasar al tema de los parlamentos es necesario decir algo respecto a cómo la llegada y guerra contra los españoles significó importantes cambios para la sociedad mapuche. Puede decirse, en primer lugar, que la guerra transforma de manera radical a la sociedad mapuche. Para empezar ocurre un abrupto descenso en el número de población, debido a los muertos en batalla, pero sobre todo, a los muertos por las pestes que traían consigo los españoles. La sociedad mapuche que hasta ese momento era cazadora, recolectora, y horticultora, se transformará en una sociedad guerrera, y en la que comenzará a tener una importancia creciente la maloca[36]. En este sentido la importancia que tiene la incorporación del caballo español a la cotidianeidad del Pueblo Mapuche es fundamental. Los mapuches rápidamente dominan las técnicas ecuestres transformándose en grandes jinetes, cuestión que se transformará en un arma determinante durante la “guerra de Arauco”; pero también el caballo condicionará el tipo de economía que van a adoptar los mapuches después de la guerra, significará cambios en el tipo de desplazamiento y también será objeto de intercambio. Así los mapuches se irán transformando en una sociedad ganadera, extenderán su territorio desplazándose hacia las pampas del actual territorio argentino, “araucanizando” a los grupos trasandinos.

A pesar de los innumerables cambios que sufrirá la sociedad mapuche, muchas de sus instituciones ancestrales logran mantenerse, por ejemplo el asentamiento disperso se mantiene, los mapuches no necesitaron formar pueblos. Por otro lado, logran permanecer sin la necesidad de constituir una organización política que centralice el poder, por tanto se mantiene el derecho de cada familia a decidir en forma autónoma e independiente[37].

En fin, esta primera etapa de contacto entre españoles y mapuches está marcada por la guerra, finalmente favorable a los mapuches, a pesar del costo brutal que significó el exterminio de la sociedad indígena prehispánica. Al fracasar la lógica de sometimiento hispano, se inaugura una segunda etapa en la relación mapuche-español que está marcada por la política de los parlamentos. Este hecho, indudablemente provoca cambios en la sociedad colonial española, y también genera una reflexión interna mapuche, que lleva a una autoconcepción distinta pues ahora hay un “otro” distinto frente a ellos. Con la política de los parlamentos, se producirá una suerte de reconocimiento del “pueblo-nación” mapuche y de una frontera entre ambas naciones. Sin embargo, dicho reconocimiento será un mal menor, pues ambas partes desearían la desaparición del otro en un todo mayor que los incluyera. En este contexto de frontera, cuyo límite es la guerra -su fantasma-, se da un mestizaje -al revés y al derecho- que no logra superar la barrera entre ambos pueblos, sino que produce todo lo contrario: un blanqueo y una mapuchización[38].
Una lectura posible de todo el proceso que origina los parlamentos es ver cómo los mapuches aparecerán desde siempre como arquitectos, co-protagonistas en toda la configuración de la Frontera; no son simplemente objetos del accionar hispano, sino, por el contrario, co- protagonistas de esta historia. En este sentido, el eje que permite comprender por qué el sujeto mapuche entra en esta red de relaciones, es el eje de la reciprocidad, las relaciones de respeto mutuo; el mapuche quiere evitar la guerra y busca un pacto de co-gobernabilidad que le permita convivir de manera pacífica con los españoles; todo lo cual queda reflejado posteriormente en el sistema de convivencia, en el régimen de parlamento, y en todo lo que es el desarrollo de una política para la región.

Es decir, toda la institucionalidad surgida en la frontera, desde el siglo XVI en adelante, es una institucionalidad gestada en ese espacio a partir del diálogo entre los actores; y en este sentido, entonces, el mapuche no habría sido nunca un objeto de conquista, sino al contrario, un sujeto que resiste la guerra, y que después de ganarla, muestra una inmensa capacidad de diálogo en la consecución de acuerdos que le permitan vivir pacíficamente[39].


[27] Foerster, Rolf. “Esquema para el tema Mapuche”. Documento de Trabajo Interno. Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato. Santiago. 2002.
[28] V. en el capítulo acerca de la Zona central el trabajo de Góngora sobre la encomienda.
[29] El hecho de que en muchos textos escolares se mencione como “el desastre de Curalaba”, cuando desde el lado mapuche bien podría ser “la victoria de Curalaba”, vendría a demostrar toda la carga racista y eurocentrista que ha caracterizado, por mucho tiempo a una parte de la historiografía nacional.
[30] Aldunate, Carlos. “El Indígena y La Frontera”. En: Sergio Villalobos, Carlos Aldunate, Horacio Zapater, L. Méndez y C. Bascuñan, pp. 67-86. Relaciones Fronterizas en la Araucanía. Ediciones Universidad Católica de Chile. Santiago. 1982.
[31] La concepción que vinculaba el comportamiento social y cultural del ser humano con sus características hereditarias, es propia del modelo evolucionista del siglo XIX, y que encuentra su raíz en los planteamientos de Darwin, y para el caso de las sociedades humanas en H. Spencer. Estos autores pensaron, correctamente, que la evolución biológica y la evolución cultural estaban íntimamente relacionadas. Así por ejemplo, puede verse que en la transición del hominoide al homínido, ocurren cambios biológicos y socioculturales que se refuerzan mutuamente. Dentro de los homínidos ocurre algo similar; los cambios socioculturales están en directa relación con cuestiones biológicas como el tamaño del cerebro, por ejemplo. Sin embargo con el Homo Sapiens Sapiens -humanidad-, los cambios y diferencias biológicas se han estabilizado y su importancia en el comportamiento social es prácticamente nula. Sin embargo esta información no era manejada en los ámbitos científicos del siglo XIX, que es cuando se tejen todas estos imaginarios respecto a las llamadas sociedades salvajes. “Así Spencer ni sus contemporáneos aceptaban que la propia relación entre el repertorio hereditario y el aprendido ha sufrido una evolución a lo largo de la cual la modificación de las formas culturales se ha hecho cada vez menos dependiente de cambios genéticos concomitantes”. De esta manera hoy se acepta como plenamente válido para todas las poblaciones humanas, que “en el estadio de desarrollo biológico y cultural en que se encuentran actualmente, un grupo cualquiera puede adquirir el repertorio aprendido de otro grupo diferente sin que sea necesaria ni una sola innovación genética”. Harris, Marvin. El Desarrollo de la teoría antropológica. Historia de las teorías de la cultura. Editorial Siglo XXI. (13° edición) México. 1997. p. 113
[32] Jara, Álvaro. Guerra y Sociedad en Chile. La transformación de la guerra de Arauco y la esclavitud de los indios. Editorial Universitaria. Santiago. 1971.
[33] Boccara, Guillaume. “Etnogénesis mapuche...” Op. cit.: 428.
[34] Ibídem.
[35] Por otro lado la guerra como reacción frente al invasor, supone de manera clara la defensa de un territorio claramente delimitado, apropiado, organizado, que debe ser defendido.
[36] Palabra mapuche que derivaría de malón, malocan, y que significaría ser hostil con el enemigo, saqueando sus ranchos y todo cuanto se pueda. Ver: Jara, Álvaro. Guerra y Sociedad en Chile... Op. cit.: 144.
[37] Bengoa sostiene que “aunque cambia el sistema económico, se mantiene la “democracia” fundamental que gobierna todas las decisiones colectivas. Hay sistemas de regulación del conflicto y alianzas, pero siempre se mantendrá una delegación parcial del poder: se otorga poder para solucionar tal o cual conflicto; para dirigir la guerra con un objetivo preciso, etc. A pesar de los cambios que ocurrirán en los siglos posteriores, el mapuche conservará estos elementos centrales de su cultura” .Bengoa, José. Historia del Pueblo Mapuche Op. cit.: 27, 28.
[38] Foerster, Rolf. “Esquema para el tema Mapuche” Op. cit.
[39] Esta lectura fue expuesta por el profesor Leonardo León y compartida por los profesores José Bengoa y Rolf Foerster; en una reunión del Grupo de Trabajo de Revisión Histórica. El profesor Foerster, sin embargo, piensa que acerca de los parlamentos existe una doble lectura; una primera lectura que es la que señala Leonardo León, pero también habría otra que se relaciona con lo que ha señalado Boccara, y donde se ve al parlamento, también, como un instrumento de dominación, de control étnico, en términos de Foucault, como un aparato disciplinario, que le permite al estado colonial mantener controlada a una población rebelde. Esto quedaría reflejado en la documentación donde se ve a las autoridades españolas preguntándose en ¿qué es esto en que estamos metidos?, a muchos españoles les repugna participar en estas ceremonias. Sin embargo, más allá de la voluntad de los españoles, lo cierto es que imposibilitados de conquistar a los mapuches, se ven en la obligación de pactar, parlamentar con el pueblo mapuche, lo que lleva al reconocimiento de su territorio, de sus autoridades, de sus derechos, de sus actividades culturales, etc; y en este sentido, con el tiempo los españoles notan que con el mapuche se puede conversar y llegar acuerdos, que es lo que efectivamente sucede durante el periodo colonial.